sábado, 25 de julio de 2009
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Sin embargo, ahí comenzaron realmente los problemas. Me negaba a abrir la boca, y mi madre empleaba horas en alimentarme. Cada cucharada se acompañaba de amenazas, ruegos, cuentos, libros abiertos y muñecos de peluche agitados. Cuando la papilla había desaparecido del plato, cuando la comida parecía al fin completada, yo, aparentemente sin esfuerzo, la vomitaba.
Quizás el hábito de vomitar, de liberarme de cualquier peso en el estómago, de rechazar esa amenaza que llegaba a lomos de una cuchara no me abandonó nunca, ni en los momentos en los que aceptaba el biberón, y parecía más feliz. Aún es posible, en casa de mis padres, abrir un libro viejo y encontrar rastros de papilla. Me recuerdo, aún muy pequeña, en brazos de mi madre, que intentaba distraerme con las luces de los edificios lejanos, con el silbido del tren, con los árboles que se rundían con la oscuridad y la distancia. Recuerdo una tristeza inmensa, una desolación que aún no era capaz de expresar, y el plato con la comida, un poco dispersa, en montones informes, sobre la mesa: la obligación, la necesidad. Lo ineludible.
Mi madre perdió tranquilidad y salud en aquellos meses en que su vida giraba únicamente en torno a mi alimentación: la casa continuaba ensuciándose, la ropa se arrugaba, había que marchar a la compra y aprovechar los momentos libres para hacer la colada, o pasar el polvo, o pensar en los nuevos
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Fui un bebé grande, gordito y sociable. A los pocos días de nacer, las enfermeras prohibieron a mi madre que me amamantara fuera del horario previsto para ello: a principios de los setenta aún se mantenía la idea de que a los niños les beneficiaba una disciplina en el sueño y la alimentación. Mientras se suponía que: debía dormir, yo lloraba de hambre.
A veces, en los primeros momentos del sueño, antes de quedarme definitivamente dormida, recuerdo en la boca y en el esófago un sabor a lana, seco, invasivo, como si yo misma estuviera tejida en lana y fuera un muñeco diminuto. Luego me despierto con la boca seca, y una sensación de algo vivido hace mucho tiempo. Creo que, aún en el nido, chupaba las sábanas y la colcha para engañar el hambre.
Mi madre no quiso discutir con las enfermeras. Decidió por su cuenta que cuando regresáramos a casa yo comería lo que quisiera, y las reglas serían las suyas; pero la costumbre ya se había instaurado, y durante bastante tiempo rechacé el alimento. Vomitaba constantemente, y me negaba a comer. Los médicos diagnosticaron «estómago de calcetín»: mi estómago de uno o dos meses aún no había
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dia horrible....
domingo, 19 de julio de 2009
para vosostras!!!!

ais mis princes!!!no sabeis todo el aprecio q os teng a cada una de vosotras!!sabeis xq??xq nos parecems,si,somso chicas con nuestrs miedos,xo a la vez tenems valor xa enfrentarnos al reflejo de la cruda realidad,no solo por verns a nosotras mismas cada dia,sino xq ns tenems q enfrentar a gente q en reliadad nos kieren y no kieren verns sufrir,lo paso bastante mal xq se q lo hacen cn su mejr intencion...xo....esa no es mi meta,no chicas,kiero llegar a sentirme limpia,bien cnmg misma,aunq tenga q sufrir...tb nos tenems q enfrentar a la realidad de tener o aprovexar las pocas energias q nos qdan todos los dias...somos fuertes nenas,creo q todas y cada una de nosostras lo cnseguirems,sea ahora o tardando un pokit mas,mxs bsines a todas,muy buenas noxes,y q sepais q podais cntar cnmg xa lo q sea,eso si,lo mas importante,teneis q estar bien de salud y tampoco pasars cn los ayuns,q eso afecta mx animicamente,gracias x aguantar y ller mi blog os kiero dulces princesitas!!!!
sábado, 18 de julio de 2009
q estres....

hola mis niñaaaas!!!aki sigo,siendo ana,hoy me he levantad,m he tomado un vaso de lexe descremada y no he comid aunq a eso de las 7 me preparare alg xa comer xq despues saldre de fiestuki x ahi y si bebo no kiero q me de un chung x no tener nada en el estomago!!al fin vere a mis dos mejores amigos,lo q pasa q llevan una racha q son uns cabezotas y siempre kieren q haga lo q ellos kieren,xo como ven q teng caracter y hago lo q creo q debo hacer pues se moskean...
otra de las cosas q me estan sucediendo es q mis padres cada vez estan vigilandome mas y me obligan a comer,hoy no lo hago xq elllos se han ido a comer fuera,y aunq cn ellos como poco xo me obligan a q coma de todo,siguen sin saber q no me ha bajad la regla todavia...y encima siguen cn el empeño de q dentrd e una semana o dos aprox kieren q me haga uns analisis de sangre...q mal ya vereis,me descubriran,encima mi novio cm estudio medicina ayer y antes de ayer me la estuv dando y me ha dix q a investidag sobre todo lo q ve en mi y sobre td lo q hago y q sabe q teng un problema del q no me doy cuenta y q soy anorexica,esta obsesionao,todo el rat me esta riñendo y mñn viene a ki a verme xo lo q temo es q se compinche cn mis padres..pff,me dice q asi estoy bien q no adelgaze mas,y q coma de todo ,claaaaaaro,yo x mi me qdaba asi cm estoy xq la verdad ahora toy muy bien xo si empiez a comer nrmal vlvere a ganar lo q he perdido de peso,o no chicas???si esq no ns entienden xa nada!!!se q lo hacen xq me kieren y x eso no me enfad cn ellos xo me irritan mazo y al mens aki pued desahogarme y cntarlo...brrrr....
esper q os vaya bien a todas,no os aburro mas,he vuelto a poner dos paginas mas del libro!!!si necesitais ayuda o cualkier cosilla ya sabeis,aki toy!!!mxs muakas a todas!!os kiero!!!
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Años más tarde esa situación cambió, por supuesto. A los quince años los caramelos carecen de importancia, y las fiestas se dividen entre sobrias y alcohólicas. Pero julio, un mes cruel con sus hijos, no cesó en sus exigencias: era preciso aparecer en la playa, en las verbenas, en las discotecas, con faldas cortas, y tirantes finos, y bikinis mínimos, y caderas estrechas, y clavículas bien marcadas.
Los placeres que hasta entonces habían sido inocentes se tiñeron de culpa: ya no era posible gozar de las piscinas, y bañarse, y salpicar. Había que cuidar de que el corte del traje de baño fuera favorecedor, que los músculos se perfilaran suavemente bajo una piel sin grasa. Comer se encontraba bajo sospecha; y cuanto más deliciosa fuera la comida, más se debía recelar. Bailar no tenía objetivo si se hacía sin pareja, y la apariencia de felicidad sustituyó al auténtico goce.
Desde que el verano amenazaba con los calores de mayo, el placer que antes sentía por la luz, los días más largos, las ropas ligeras y de colores, se convertía en preocupación. Como a todo el mundo le gustaba el verano, todo el mundo adoraba los fines de semana y las fiestas, yo sonreía, y mentía, y decía que también me gustaban, porque yo deseaba ser como todo el mundo.
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En mi colegio se acostumbraba a llevar caramelos el día del cumpleaños. Los nacidos durante el verano los repartíamos el último día de clase, de modo que el resto de los niños regresaban a casa con las notas y el bolsillo lleno de dulces, encantados por la inesperada abundancia. Un mes más tarde, cuando mi cumpleaños "llegaba, los caramelos se habían derretido y las fechas se habían olvidado.
Me acostumbré desde entonces a repartir más de lo que recuperaría, a dar más regalos, a entregar más caramelos de los que yo recibiría, a asistir a cumpleaños multitudinarios y a encontrar un par de amigas y unos cuantos primos en los míos; a que esa situación fuera normal, a que yo tuviera que dar más de lo que recibía por el simple hecho de haber nacido en julio.
Aveces me sentía triste, a veces lloraba porque nada me parecía suficiente: deseaba más amigas, más regalos, más fiesta, más globos, más atención. Luego recordaba a los niños africanos con sus tripas hinchadas, a las niñas gitanas que cuidaban de sus hermanitos y que yo veía los jueves en el mercado y no me permitía quejarme más. Muy pronto aprendí a no lloriquear, a no desear nada para mí, porque me pesaba la conciencia de ser una privile-
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